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No empieza el libro con la cita más conocida, "gobernar es poblar", que se convirtió en una suerte de Aleph del pensamiento de Juan Bautista Alberdi. Rastrea, sin embargo, otra más inesperada. Y en la introducción de Un presidente que sea como un rey (PLaneta), su autora, Patricia Kolesnicov, la coloca de forma completa: "Los economistas actuales han demostrado que el salario impone al obrero una especie de esclavitud hacia el capitalista; y los partidarios de la libertad individual y de la igualdad de clases persiguen en todas partes una revolución en la distribución de la propiedad, por la que salga el jornalero de la dura dependencia que le impone el propietario". Como subtítulo del ensayo Un presidente que sea como un rey, se lee "El Alberdi que Milei tiene en la cabeza". Cuenta la escritora que aquella cita inesperada no la dice Alberdi en cualquier contexto: la dice en 1842, cuando era abogado, estaba exiliado en Montevideo y defendía a José León, un joven de 27 años que mató al hombre que lo echó de la panadería donde trabajaba como peón y se negó a pagarle su liquidación. Y más: le dijo que se fuera o así dice el alegato de defensa "le agarraría y le echaría por tierra". Faltaban diez años para que escribiera las Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, las mismas que darían pie a la Constitución argentina. Es un texto fundacional del nacimiento del Estado nación que Javier Milei tomó como fundamento para su "Ley Bases", como llamó a un descomunal paquete de reformas legislativas que dieron piso a su gestión. E incluso Milei escribió el prólogo de Bases y puntos…, que su gobierno decidió reeditar hace unos meses. Juan Bautista Alberdi murió en el exilio francés, en 1884; es decir, no llegó a ver plasmada la idea de Estado que concibió en sus escritos. Nacido el 29 de agosto de 1810 en San Miguel de Tucumán, fue abogado, escritor, periodista, músico y diplomático, y formó parte esencial de la llamada Generación del 37.Arqueología de frases y pensamientos
Kolesnicov indaga en la arqueología de sus frases y pensamientos, se pregunta en qué se parece el Alberdi que dijo "la Patria es libre, en cuanto no depende del extranjero: pero el individuo carece de libertad, en cuanto depende del Estado de un modo omnímodo y absoluto" con aquel que pensó que la monarquía podía ser el mejor sistema político para América Latina.
"Alberdi en «Omnipotencia del Estado» conferencia que dio en 1880 parece estar diciendo que si quieren puentes y cloacas se los hagan solos, como sugería el presidente argentino Javier Milei en sus discursos de campaña", escribe en Un presidente que sea como un rey la autora de libros como Biografía de mi cáncer, No es amor y Me enamoré de una vegetariana.
Asombrada por la relectura de las Bases y puntos…, algo que hizo después de escuchar la reivindicación de Milei en su campaña presidencial, Kolesnicov encontró un autor más complejo de lo que esperaba y dueño de una prosa cautivante, capaz de ir de su preferencia por un voto calificado a su defensa de una educación "práctica" o a preguntarse por la posibilidad de una democracia en un territorio plagado de luchas intestinas.
Así como Milei hace gala de una pose dogmática, Alberdi repensaba constantemente sus teorías, y tal vez el actual presidente encontró un eco en la última etapa intelectual del pensador decimonónico, como cuando escribió cosas como: "¿Quién dijo que un ladrón cualquiera es mucho menos peligroso que el Estado y que el Estado ataca la propiedad en nombre del bien común?". Pero también, en otros aspectos, Alberdi resulta ajeno a Milei, como en aquella cita con la que empezó el libro.
Alberdi, conocido como el padre de la Constitución argentina, abogaba por un modelo que tuviera en la figura del Presidente a un político fuerte, "como un rey". Ese es otro aspecto donde Milei se siente identificado, y no casualmente lo empezó a evocar con más fervor y reverencia desde que asumió la presidencia.
Pero Alberdi escribía en la urgencia y para su época, sobre todo tras la derrota de Juan Manuel de Rosas en la batalla de Caseros, en 1852. Una nueva era se abría en esa Argentina todavía en formación. "Y sabe que lo que es útil y hasta indispensable en un momento para, por ejemplo, separarse de España puede no serlo medio siglo más tarde", expone Kolesnicov.
"Alberdi hubiera sido un gran tuitero", dijo la autora en una entrevista, fascinada por sus frases tan impactantes, un pragmático que solía modificar sus visiones a medida que iba viviendo diversos acontecimientos de su época, atravesada por los conflictos internos de una guerra civil entre el centro y las provincias que recién culminaría hacia 1880.
Juan Bautista Alberti Daguerrotipos en Parque Lezama. Archivo Clarín."También hallamos sentencias como: «Si la economía es el juicio en los gastos, la disipación es la locura en el gobierno y en el país», una frase que daría legitimidad «de origen» a la motosierra, el recorte feroz que había anunciado el entonces presidente electo", se lee en Un presidente que sea como un rey. Milei, que lo resalta como "padre fundador", hace una flecha que une a la Constitución con el progreso económico.
"Lo que es importante es esta interpretación que dice que Alberdi creó la Constitución, ideó un gobierno centralizado, la Constitución ordenó el país y el país entró en un ciclo que va hasta 1930 como un país con enorme riqueza y potencial. Y que eso fue el período de mayor crecimiento de la economía argentina", es otro fragmento del libro.
Más allá de su eclecticismo ideológico, Alberdi era uno de esos actores que pensaban para un momento concreto y convulso: había, en rigor, que organizar países nuevos.
Un pensador de su tiempo, al cual es difícil sacarlo de su contexto social y político, como actualmente hace la prédica "libertaria" en una suerte de «copia y pega» de sus frases de autoridad, no sin eficacia y habilidad de impacto, hacia un presente tan diferente y distante de aquel. Kolesnicov recurre a historiadores, académicos y especialistas, como el historiador Eduardo Zimmermann, quien advierte, en esa línea, que "debemos recordar la precaución con la que es necesario acercarse a la caracterización ideológica de los actores políticos del siglo XIX latinoamericano".
En efecto, Kolesnicov descubre que, a lo largo de la historia, hubo un rescate de Alberdi por parte del nacionalismo, reactualizaciones desde el socialismo romántico y ahora desde el libertarianismo, sobre todo de lo que Alberdi expresa en términos de liberalismo económico, con su defensa de las libertades individuales, la inversión y la iniciativa privada.
También está la ambición de cambiar todo de un plumazo. Dice Kolesnicov que, como antes se quería enterrar la colonia y el rosismo, ahora se podría buscar darle punto final y pasaje de salida al peronismo y a la socialdemocracia.
"Creo que el núcleo del mensaje libertario anarcocapitalista hubiera horrorizado a Alberdi", analiza Zimmermann. "Él no hubiera estado de acuerdo de ningún modo con esta idea de que hay que disolver el Estado se explaya. Alberdi enfrentaba un dilema: ser un liberal, pero al mismo tiempo ser un constructor de un Estado y tener que pensar cómo se construye autoridad en un desierto despoblado y arrasado por guerras civiles, enfrentamientos o dictadura. Buscaba tener un orden nacional fuerte para que hiciera posible el desarrollo de la libertad. En ese sentido, hay un matiz de distinción con el mensaje libertario duro que a veces Milei expone".
En la disección de la obra de Alberdi exponiendo, muchas veces, textuales directos, Patricia Kolesnicov arma los capítulos con el interrogante vivo sobre qué tipo de país se imaginó, qué clase de inmigrante pensó para poblar el desierto "importar la Europa civilizada, anglosajona", y entra en diálogo con historiadores que lo estudiaron durante muchos años, como Darío Roldán y Fernando Devoto, y hasta le pregunta a ChatGPT sobre sus frases más famosas.
En el final, se permite una comparación más directa entre Alberdi y Milei, con temas como el sentido de los decretos, la proclama de una Constitución liberal y la política como una llave maestra fundamental para lograr el desarrollo económico.
Escribe: "Alberdi no estaba haciendo historia, sino política. Estaba buscando respuestas a una realidad que se le escapaba, se le deformaba, se le escurría".
Y luego, otro apunte, en un libro que es de interés para el investigador tanto como para el lector curioso de la política y la vertiginosa historia argentina, en la tensión entre el pasado y el presente: "No estoy tan segura de tener «mi» Alberdi. Aunque, al final del recorrido, entiendo por qué Javier Milei reclama estar sobre sus pasos: fronteras abiertas, Estado mínimo, baja de impuestos (…) Seguramente cada uno puede tener su Alberdi, pero hoy, en la práctica, cuando se invoca su nombre o se lo elige para bautizar una agrupación, detrás vienen ideas liberales y las que ahora se llaman libertarias. Por ahora, parece que sirve para eso".
Un presidente que sea como un rey, de Patricia Kolesnicov (Planeta).
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